Eduardo Bazán Alva
En nuestros conceptos educativos primarios acerca de la mente y su funcionamiento, hemos concebido a cada una de sus facultades como partes integradas dentro del cerebro. Procesos consientes, inconscientes y procedimentales explicados ampliamente en la anatomía cerebral para poder explicar la conducta humana. Pero ¿qué tanto nos acerca esto a la explicación de las conductas sociales? ¿Es acaso la mente un proceso individual, creado dentro de una sola persona para ser expuesto a la sociedad y ser independiente de decisiones y acciones? ¿Cada ser humano viene con una mente y/o predisposición diferente de actuar frente a diversos estímulos? O es acaso que podemos entender y re definir este concepto de tal manera que se ajuste más a un entendimiento propicio a cambios productivos de conducta.
Si podemos definir a la mente como un conjunto de procesos, la brecha del aprendizaje debe entenderse como la interacción de experiencias; y estas experiencias están relacionadas con el aprendizaje creado en interrelación con el entorno. Es así como el mundo que conocemos se construye a través del lenguaje interactivo con todo lo que nos rodea. Nuestro sistema de valores, creencias y costumbres se han desarrollado en nuestro entorno y no dentro de nuestra individualidad. Es decir, todo aquello que creemos y creamos, se encuentra descrito en las relaciones humanas.
Kenneth Gergen describa que el proceso mental nace del diálogo con los demás; así como todos los significados de nuestro lenguaje, adquieren sentido solamente en su uso. Esto se ejemplifica muy sencillamente cuando nos referimos a alguien que nos atrae con frases como “te amo, te deseo, estoy loco por ti, etc”; el impacto de estas frases ahora depende de los demás, obteniendo resultados como acercarse o alejarse de ti e incluso situaciones inesperadas partiendo de esa comunicación.
En tal sentido de entender a la mente de esta forma, podríamos decir que nace y se mantiene fuera del cerebro, allí donde las relaciones afloran; donde nuestras expresiones y representaciones deben ajustarse a un sistema aprendido y aceptado socialmente. De no ser así, podría brotar una imagen de “Carente de salud mental”; pues no responderíamos a una actuación convincente de lo que signifíca lo correcto y aceptable.
Por ello; y a pesar de lo complicado que pueda ser entender a la mente como un proceso extra cerebral, se hace necesario poder tener un giro en nuestro entendimiento acerca de cómo se produce el concepto de mente y sus implicancias. Así mismo es importante entender que somos seres individuales sujetos a las relaciones personales; y eso nos llevará a tener una perspectiva amplia y profunda acerca de nuestra propia vida y el impacto generado en los procesos relaciones.
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